PREM SARJO


WALKING AROUND

Los alquimistas medievales seguían una vieja doctrina según la cual la búsqueda de objetos preciosos se ha de hacer entre la basura. No ha de extrañarnos que éste antiguo descubrimiento se haya perpetuado en las ideas del arte, siguiendo un curso de sutiles diferencias hasta nuestra contemporaneidad. La idea de hallazgo sagrado permanece, lo que cambia es el concepto de ese descubrimiento. Es ahí donde reside la idiosincrasia de una sociedad determinada.

Cada fotografía de Sarjo es el hallazgo no manipulado de una escena citadina y diurna. Lo que sucede en ella es una interrogante, pues más bien tenemos la huella de lo ocurrido, que es capturada por el ojo de la cámara. Entonces se produce algo nuevo, nacido en ese instante. Los carteles publicitarios tienen dos espacios: uno informativo y el otro en donde descansa el vacío. La vida urbana también tiene dos caras: una que está pensada en nosotros para que la consumamos, otra que permanece oculta, pues podemos tenerla en frente pero -curiosamente- no la vemos. Del mismo modo, las relaciones humanas se desarrollan en la directriz que se muestra y que está emparentada con lo moralmente correcto, y en otra que se mantiene sepultada, lejos de las miradas, y que la mayoría de las veces ni nosotros mismos notamos.

La calle es el espacio en donde la vida social se desenvuelve. Bajo nuestros pies están las entrañas de esa calle, aunque nunca pensemos en ellas. Ahí se esconden los productos de nuestra existencia que hemos preferido desechar conscientemente, pues nos producen malestar. Es extraño que esa sea la forma en la que hemos preferido asumir nuestra vida en sociedad, puesto que al parecer las marcas de existencia que tanto nos esmeramos en ocultar aparecen insistentes, como si no hubiera espacio suficiente para ellas en las profundidades de la tierra.

La razón por la que existen objetos valiosos y otros dignos de ser llamados "basura", es porque nos recuerdan a nuestro propio miedo a la muerte, y eso nos paraliza de terror y asco. Sin embargo, todo lo que nos rodea -incluyéndonos- está destinado a morir. Observar en éstas fotos lo que sucede con los cadáveres de las creaciones humanas es de lo más sorprendente. Aparece un orden oculto, mezcla de casualidad e intervención consciente: un molde para hormigón es el coliseo romano desafiando a las estructuras de la naturaleza para levantarse con la sola ayuda de la mano del hombre, un colchón abandonado en un carro de basura se convierte en un dinosaurio devorador, dos sillas de plástico apiladas descubren su secreta acción amorosa, la caja de cartón desarmada y puesta con piedras en el suelo para delimitar un territorio es la cara de un robot que sonríe. Todos los hallazgos nos los señala el ojo que juega de la mano con la imaginación de un niño, pero también con un hombre que reflexiona sobre su oficio, y se ocupa de citar a la historia del arte. Así, en un simple paseo por la calle podemos encontrarnos a Mondrian en un refrigerador mutilado y apoyado ordenadamente en un basurero, estructuras minimalistas que hacen brillar su presencia desnuda desde la espalda de un camión, citas a la pintura en las esquinas de naturalezas muertas, o la ventana a una marina en el color de una pared descuidada donde un bote rojo tuvo en otra vida el papel de alfombra. Y no es menor el hecho de encontrar poesía en las espaldas de las cosas creadas por el ser humano. Es la cara que no está concebida para que veamos, es la parte de nuestra personalidad que no expresamos en nuestras relaciones sociales, es el misterio de lo que no declaramos al vivir. La cámara puede separar las cosas invisibles del mundo.

Los nombres de las fotografías guían al observador a una nueva lectura. La mayoría apuntan a un sentido del humor fresco e inocente. Sin embargo, hay una crudeza que no se puede dejar de lado, y se refiere a la realidad social en que han aparecido los registros de acciones que ya no se ven. La manera en la que se ordena y recolecta habla de una forma de pensar que va mucho más lejos de nuestros procesos conscientes. Una barrera improvisada de obrero en Santiago, jamás será la misma que la de un obrero en cualquier otra parte del mundo. Esas maneras de transformar el espacio adquieren un carácter que problematiza a las manifestaciones artísticas contemporáneas, e inevitablemente surge la idea de que un hallazgo callejero podría estar en la sala de un museo y ser una pieza de arte. En Walking Around aparecen situaciones visuales que evalúan directamente a "lo chileno", como las soluciones "parche" que se toman para no arreglar de fondo el problema por pereza. Esas alternativas literalmente mal hechas suelen acumularse, y entonces el problema que en un comienzo era mínimo, se hace irreparable. Otra constante de la conducta chilena que Sarjo rescata con ironía son los sistemas de seguridad. La construcción de ellos, muchas veces, es absurda, y responde a la misma idea de la falsa solución "parche". Esas construcciones se elaboran a veces con saña, y entonces surgen verdaderas prisiones que hieren la vista, ofenden, y dan una idea muy elaborada de lo que puede significar el miedo en algunas familias.

Dentro del espacio sórdido a donde nos puede llevar la lectura más profunda que podamos edificar, se encontrará otro lugar más delicado: la poesía. ¿Cómo encontrar belleza y armonía en una opinión sobre las cosas que apunta a la degradación y a la muerte? Las respuestas pueden ser tan variadas como las otras preguntas que puedan surgir a raíz de ellas. Este es el punto más evanescente de las imágenes, por lo que no es cosa fácil atraparlo. El poema de las fotografías de Walking Around es muy sutil, porque reflexiona en tono místico sobre la idea de la muerte, y lo hace a partir de materiales que no son nobles. Podría parecernos conflictiva la situación en la que se encuentra el poema, pero es justamente lo contrario, pues se ancla siempre en la realidad. Jamás se despega de ella. Por eso la belleza que aparece chispeante en la fotografías es ineludible: es el hallazgo de la elegancia dentro de la corrupción de los cuerpos, metamorfoseados en extrañas mariposas. Las cosas muertas tienen las voces de los seres que ya no las ven. Por eso nunca aparece el hombre en las fotos, sin embargo, es siempre el protagonista, y dice: "somos más libres de lo que pensamos."

Rocío Casas Bulnes

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